Email:
Contraseña:
Recordarme Registrarme
El vino se produjo por primera vez durante el Neolítico, según los testimonios arqueológicos hallados en los Montes Zagros, región que hoy ocupa Georgia, Armenia e Irán. La evidencia más antigua de la producción y consumo de vino es una vasija que data del año 5400 a.C., hallada en un poblado cercano al Monte Zagors.

A pesar del imperante transcurrir de la historia, el vino ha sido el exquisito compañero del hombre; lo ha seguido en su incesante evolución, en sus sorprendentes hallazgos y en sus más aguerridas conquistas. Hoy, 5000 años después, seguimos disfrutando de esta enigmática bebida que se mantiene vigente.

El origen del Cava está intrínsecamente relacionado con el nacimiento del método tradicional o champenoise, que se llevaba a cabo en la región de Champagne. Es en el siglo XIX, cuando varias familias de Sant Sadurní d'Anoia (cerca de Barcelona) iniciaron la investigación de este nuevo método y técnica para la elaboración de vinos. Fue D. Josep Raventós i Fatjó, de la histórica Casa Codorníu, quien elaboró, en el año 1872, las primeras botellas de Cava, siguiendo el tradicional método de segunda fermentación en la botella. Los Cava se caracterizan por su frescura, abundante frutalidad, sofisticadas notas fermentativas con la dulce sensualidad de la manzana verde y el durazno blanco.

Por su parte, el Oporto floreció en los siglos XVI y XVII como resultado de la adición de brandy al vino durante su proceso de fermentación. Con este modo se consiguió estabilizar el vino, logrando su resistencia a las variantes en la temperatura y humedad del largo trayecto marítimo que el comercio de la época imponía. Se dice que esta técnica, utilizada en un monasterio para modificar el vino, fue adoptada por comerciantes de Liverpool en 1678. El resultado de este sorprendente método es el que conocemos ahora: un vino con mayor contenido de alcohol y con sabor más dulce, debido al azúcar remanente que no terminó de fermentarse. Los oportos se caracterizan por su gran intensidad aromática, textura untuosa, recuerdos a ciruela pasa, dátil, higos y frutos confitados.

En 1678, Inglaterra y Francia entran en guerra, provocando escasez de vino en el Reino Británico. Para hacer frente a la carencia, Inglaterra recurrió a los vinos de Portugal, su aliado de tres siglos. Así fue como el vino del Valle del Douro comenzó a hacerse popular en Gran Bretaña, en esos tiempos donde el vino francés era escaso.

Un género de vino, sin duda mágico, que aún conserva el misterio de su origen, es el Jerez. Denominación de origen en España que ampara legalmente la crianza y comercialización de los vinos tradicionalmente llamados Vinos de Jerez, suscritos principalmente a las ciudades andaluzas (todas ubicadas en el sur de España): Jerez de la Frontera, El Puerto de Santa María del Mar y Sanlúcar de Barrameda, pertenecientes a la provincia de Cádiz, aunque hay algunas otras como Montilla Moriles. Su situación geográfica, bajo la influencia climática del Atlántico y del Mediterráneo y con una media de 30 días al año de precipitaciones intensas, hace que la crianza de sus caldos tenga características especiales.

Otros elementos diferenciadores son la tierra albariza, las variedades de uva Palomino, Pedro Ximenez y Moscatel, la crianza bajo flor (levaduras del género Saccharomyces) y el sistema de crianza de criaderas y soleras.

Los Finos y Manzanillas tienen un gusto mineral, aceitunado, con notas muy presentes de flor (levadura) y dejos que recuerdan la salmuera. Los Amontillados son más evolucionados: igualmente minerales, pero con sabor a maderas. Los Palos Cortados son un tipo de Jerez muy enigmático; para muchos, estos son los vinos más misteriosos del mundo: surgen sin quererlo ni saberlo, preservan recuerdos a frutos, secos y notas lácticas. Los Pedro Ximenez son vinos dulces; de hecho los más dulces del mundo: muy amielados, avainillados con recuerdos a ciruelas pasas.

Un cuarto género de vino especial, único en el mundo al igual que los anteriores, es el Champagne; el vino más festivo que existe sobre la faz de la Tierra. Su origen se remonta a la Era Terciaria, en esa etapa había viñedos en la región de Champagne que se utilizaban para obtener vinos. A partir del año 57 a.C., cuando Julio César invade la Galia y los romanos se asientan en esta región, inició el cultivo tradicional de la vid.

Pierre Perignon, un monje benedictino que administraba la abadía de Hautvillers y disponía, además, de grandes plantaciones de viñedos, observó que el vino, tras el invierno, tendía a liberar burbujas y quiso embotellarlo con ellas; debido a este descubrimiento, pensó que la segunda fermentación debía llevarse a cabo dentro de la botella. También se le ocurrió mezclar uvas de distintas zonas, mejorando el Champagne y estableciendo algunas reglas para su elaboración. Así es como Perignon mejoró ostensiblemente el ya existente método.

Los Champagne tienen un gusto variado según el tiempo que se mantuvieron con las levaduras después de terminada la segunda fermentación. Manzanas verdes, almendras crudas, pan en fermentación, pan tostado y flores blancas destacan su elegancia y finura.




EVITA EL EXCESO Precios sujetos a cambio sin previo aviso